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Gente con oficio explicando en cinco minutos algo que le tomó años entender, y gente escribiendo lo que piensa sin que nadie se lo pida. No hay tema obligatorio ni requisito de entrada.
Los niños imitan a sus adultos cercanos. Ahí empieza todo.
Leer nos deja transitar por universos a los que solo se accede por los libros, y también nos acerca a realidades necesarias para la vida moderna. Los resultados de PISA nos descolocan como nación, pero el desarrollo empieza en las casas.
Leer completo, 3 minLo que haces todos los días le resulta opaco a alguien más. Tradúcelo a un lenguaje que cualquiera entienda y ya está.
Una opinión, un reclamo, una historia. No tiene que estar terminada de pensar para que valga la pena.
Traducir el contrato no es lo mismo que adaptarlo.
Una nota sobre el performance, con John Cage y Marina Abramovic de testigos.
Tres cláusulas que casi nadie lee y que deciden cómo te va a ir cuando la relación se acabe.
Una defensa de la lealtad deportiva como forma barata de esperanza.
El número más grande de la hoja casi nunca es el que importa.
Cuando no hay laboratorio a la mano, lo único que queda es preguntar mejor.
Quería un lugar donde alguien pudiera publicar una sola cosa en su vida y que estuviera bien.
Por qué existe este sitio, escrito por quien lo hizo. Es corto y explica mejor que cualquier otra página lo que estamos intentando.
Leer la cartaPuede ser tuyo. Manda tu texto a hola@capitalenblanco.com. Se publica con tu nombre, tu avatar y la fecha. Si necesita edición, se edita contigo.
Durante años he guardado ideas en las notas del teléfono. Cosas que se me ocurren manejando, preguntas que me daba pena hacer en voz alta, opiniones que no venían al caso en ninguna conversación. Nunca hice nada con ellas. Siguen ahí.
En algún momento me di cuenta de que casi toda la gente que conozco hace lo mismo. Tengo amigos que saben muchísimo de su trabajo y jamás lo explican fuera de la oficina. Gente con opiniones bien pensadas que solo salen a las dos de la mañana, cuando ya nadie está escuchando. El conocimiento existe. Lo que no existe es el lugar donde ponerlo.
Los lugares que sí existen piden algo a cambio. Piden que seas experto, que tengas seguidores, que el tema encaje en una categoría, que publiques seguido para no perder relevancia. Todo eso convierte una idea en una obligación, y la mayoría de las buenas ideas no sobreviven a eso.
Quería un lugar donde alguien pudiera publicar una sola cosa en su vida y que estuviera bien. Un abogado que explique de una vez por todas esa cláusula que nadie entiende. Una médica que cuente lo que aprendió donde no había laboratorio. Alguien que escriba lo que piensa de algo, sin ser experto en nada, nada más porque lo pensó honestamente.
De ahí sale el nombre. Capital, porque las ideas de la gente que uno tiene cerca son el capital que menos aprovechamos. En blanco, por la página antes de escribir, cuando lo que uno piensa todavía se parece a lo que uno piensa y no a lo que suena bien.
No busco que esto crezca rápido. No hay newsletter, no hay comentarios, no hay nada que medir. Hay textos con el nombre de quien los escribió y una fecha. Si dentro de dos años hay treinta artículos aquí y tres le sirvieron de verdad a alguien, habrá valido la pena.
Si llegaste hasta acá y mientras leías se te ocurrió algo que podrías escribir, ese es el texto. Escríbelo y mándamelo.
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Un banco abierto de ideas, sin agenda y sin tema obligatorio.
Capital en Blanco nació de una idea simple: el conocimiento más útil casi siempre se queda atrapado detrás de un lenguaje técnico, y las mejores opiniones casi nunca encuentran dónde vivir.
Aquí caben dos tipos de artículos.
Alguien con una profesión que decide traducir, en un lenguaje que cualquiera entienda, algo que domina de verdad. Un abogado explicando una cláusula. Un médico explicando un síntoma. Un ingeniero explicando por qué algo se cae. No hace falta un título para escribir aquí. Hace falta saber algo y estar dispuesto a explicarlo sin rodeos.
Una opinión, una reflexión, una historia personal, una idea que llevabas tiempo queriendo escribir. Lo único que pedimos es honestidad.
No hay categorías fijas ni temas obligatorios. Cada artículo lleva el nombre de quien lo escribió, porque el punto de partida siempre es esa persona, no un tema predefinido.